Al los hombres les gusta hablar mal de otros hombres. ¿Por qué esta necesidad de defenderse atacando al otro? Si tan seguros estamos de lo que decimos, hacemos, creemos o sabemos, ¿qué más necesitamos?
Una cosa es denunciar la maldad o el pecado y otra cosa, muy distinta, es criticar per se a los otros para agrandarnos (como si, en algún remoto caso, alguno de nosotros fuera grande, ja).
Rezo, Señor, para que todos mis hermanos y yo logremos evadir la tentación de "darle con un caño al otro". Que podamos vivir nuestras vidas intentando mejorar lo que no nos sale, ayudando a los hermanos con amor y no soberbia a superar sus adversidades y aceptar la ayuda de los demás para sortear las nuestras.
Amén.